
Solamente una señora, una señora culta y refinada, además, una señora que esté de vuelta de todos los tics modernos, medios y antiguos que han convertido las artes aplicadas en tímidos ejercicios de comercialización, en una pura usur puede entender, aceptar y pagar (a precios muy módicos, esa es la verdad) estas creaciones colmadas de humor, poesía, ternura, mala índole, inteligencia, ingenuidad, enorme cultura y tremendo desparpajo. Continuar con la lectura.
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